Nadiesolo 30 años para recordar

30 años acompañando la soledad: un año para recordar

Este año ha sido especial. Celebrar los 30 años de Nadiesolo nos ha invitado a mirar atrás, a reconocer cómo empezó todo y a sentir orgullo por lo que hemos construido juntos.

Treinta años son la suma de cada día en que voluntarios y voluntarias han acompañado a personas que sufren soledad no deseada. Un gesto sencillo —estar, escuchar, caminar al lado— que cambia vidas.

La soledad no deseada, causada por la edad, la enfermedad o la exclusión, hace que muchas personas se sientan invisibles. Hace 30 años, 25 personas decidieron que podían cambiar esa realidad. Lo hicieron con presencia, tiempo y cariño. Así nació Nadiesolo.

Hoy somos una gran comunidad: 2.600 voluntarios, más de 100.000 horas de acompañamiento al año y cerca de 85.000 personas acompañadas.

Estamos presentes en 15 hospitales, acompañando a pacientes y familias; apoyamos a personas sin hogar, corremos con Zapatillas Solidarias, impulsamos segundas oportunidades con Mentoring for a Job. Acompañamos a más de 650 personas mayores en sus hogares y a muchas otras en 14 residencias. Cada sábado, cientos de niños y familias participan en nuestras actividades de ocio y en Sabadeando Juntos, donde estudiar también significa acompañar.

Nada de esto sería posible sin el apoyo de administraciones, entidades, empresas y los amigos de Nadiesolo que han caminado a nuestro lado.

Un año de celebraciones

Este año de aniversario lo hemos celebrado de muchas formas: una tribuna abierta dedicada al universo, que nos invitó a reflexionar; un concierto solidario para celebrar; una jornada de expertos para seguir concienciando sobre la soledad no deseada; un emocionante homenaje a nuestros voluntarios mayores, memoria viva de Nadiesolo; y una gran fiesta final en la que unimos a todos los grupos, rendimos homenaje a quienes acompañan, cantamos, bailamos y disfrutamos, simplemente, de estar juntos.

Cerramos este año de celebración con gratitud y esperanza. Porque estos 30 años no son un punto final, sino un impulso. Porque siempre habrá alguien dispuesto a tender la mano.

Porque cada voluntario recoge el testigo de otro. Porque aún quedan muchas sonrisas por dibujar.
Porque acompañar cambia vidas… todavía tenemos mucho por hacer y muchas sonrisas por dibujar.

A por otros 30 años.